lunes, 15 de enero de 2018

Carnavales en blanco y rojo

   El día más difícil de mi vida fue aquel en el que tuve que explicarle a mis hijos por qué indultamos al asesino del abuelo. Los ricos de las colonias iban a la ciudad, donde no eran tan ricos, y los pobres de la ciudad iban a las colonias, donde no eran tan pobres. Nosotros éramos de estos últimos, el asesino, de los primeros. Dejamos de ser pobres, dejamos tanto de serlo que mi padre me compró mi primer disfraz, y él se compró el suyo. Esperaba con anhelo que llegase la fiesta, y que mi padre a base de la costumbre, acabase por sucumbir a los rasgos asiáticos de las camboyanas y encontrase por fin una mujer que le hiciese compañía en su vejez.
   Dos de los niños tenían memoria para recordar a mi padre, la más pequeña no, le tocó quedarse con el recuerdo que yo le construí de él, quizá idealizado con el paso del tiempo. Quién me iba a decir que quien se enamoraría en aquella fiesta de disfraces iba a ser yo y no el abuelo.
   "Jugamos a ser burgueses", pensé cuando vi a mi padre disfrazado. La ridiculez del traje le hacía aun más entrañable. Monóculo, chaleco de fieltro, sombrero de copa, lo que para algunos es un disfraz, para otros un uniforme. No se imaginan lo placentera que es la tolerancia, el respeto mutuo, el ver como personas con tan poco en común, bailan, beben y ven todo fluir. Allí tuve esa sensación, aquello que se siente cuando todos los pájaros callan, cuando las ramas de los árboles ya no crujen, cuando los perros se esconden atemorizados, cuando la quietud no nos deja ver que estamos dentro del ojo del huracán. Y allí se acercó a mi.
   "Nunca he hablado con una burguesa", fue su carta de presentación. No sé por qué, tuve la ocurrencia de contarle que en Camboya no nevaba, que echaba de menos cuando nevaba en Francia y que por supuesto yo no era una burguesa. "¿De qué color es la nieve?", "Blanca como la nieve", le contesté. "O como tú".
   "Hay algo que tengo que decirte" pudo ser su carta de despedida. "Soy marxista" y empecé a reír sin entender por qué ponía tanto énfasis en algo que era tan obvio. "Puedo cambiar cualquier cosa sobre mí menos lo que soy, si vamos a estar juntos debes saber que en cualquier momento pueden matarme". Vamos a ganar la guerra.
   "Se han llevado a mi padre, están matando gente". Y él me miraba con vergüenza y decía "En Kapuchea no se ha matado nadie que no sea vietnamita". Y nos mirábamos pidiendo clemencia al tiempo recordando el carnaval de veinte años atrás. Lo imaginaba vestido con su disfraz, imaginando la nieve que en su vida había visto y que nunca vería.
 


viernes, 25 de agosto de 2017

Diálogo de dos ciegos

   Sabe, era como una de esas veces que te despiertas con una patada, ya sabe que siente que se cae.
   Como cuando mira al cielo mucho tiempo y nota que las constelaciones se precipitan sobre usted.
   Nunca he notado eso.
   Una pena.
   Pero lo que le decía podría asemejarse, pero la diferencia es que no era una emoción fuerte pero efímera.
   Me encanta esa palabra, efímera.
   Es poética pero vacía, aun así no era efímero. Era duradero, como si nunca terminases de caer, o como si las constelaciones de las que usted habla cayesen tan fuerte que me atravesasen y luego siguiesen su ciclo, diesen la vuelta y todo volviese a empezar, sin ser posible diferenciar el principio el fin.
   Debió ser aterrador.
   Aterrador pero adictivo y a la vez hermoso.
 

viernes, 18 de agosto de 2017

Rutina

El primer día que nació hubo un esplendoroso júbilo en el hogar. Parecía como si no hubiésemos sido nada hasta  que vimos nacer aquella pequeña criatura. Pero al día siguiente, no la encontrábamos por ninguna parte, la vieja no paraba de decir que cómo la íbamos a encontrar si esa noche no habían abierto los jazmines y entonces entendimos que tenía que volver a nacer. Y así lo hizo, volvió a nacer y el júbilo se apoderó de nuevo del hogar.
La estúpida vieja no dormía, hacía guardia al lado del jazmín, pero no florecía. El presagio era claro, al tercer día no volvía a estar la criatura y tuvimos que volver a esperar a que naciese de nuevo. "Pobre hermanito" pensaba "Está abocado a ser arrebatado del vientre de su madre cada día". El júbilo disminuía cada día que nacía mi hermano. El proceso asintótico parecía no terminar, hasta que una noche salí a ver si florecían los jazmines, la vieja dormía por primera vez. Allí suplí su guardia cuando vi que por fin florecían los jazmines. Al día siguiente aquella criatura nacía, la vieja moría, y por fin, ambos lo hacían para siempre.

miércoles, 12 de julio de 2017

Mi viejo amigo

   Había una liebre que sabía contar historias. Al menos una, siempre repetía la misma. Iba por la mañana a la plaza del pueblo, montaba su atril, y desde ahí intentaba hacer llegar a todos los animales su historia. Pero nada más verla todos se iban. La liebre no lo entendía, pero es que siempre contaba la misma historia. Entre el resto de animales se rumoreaba que la liebre sufría de algún tipo de demencia típica de las cabras con las que se había criado.
   El día en que la liebre se dignó a preguntarle a un búfalo por qué todos huían, el búfalo respondió:
   -Es que siempre cuentas la misma historia.
   La liebre quedó atónita, seguía sin entender por qué nadie la escuchaba.
   -¿Pero a caso os habéis parado alguna vez a escucharla? -preguntó al búfalo-.
   -No, nadie la ha escuchado, pero por qué habríamos de escucharla si es siempre lo mismo.
   La liebre seguía sin entender nada. Pero cuando volvió con su atril, se dio cuenta de que no todos huían, sino que el búfalo se quedó esperando a escuchar la historia. Era una fábula sobre humanos, y algo que ellos llamaban, amor. También le pareció triste al búfalo, aunque no entendía por qué los humanos no mataban a 'enfermedad' con todas las armas de las que disponían.
   Aunque no entendió mucho de la fábula, algo lo hipnotizó. Era el único animal en haber oído esa historia. Y nadie más la podría oír, al menos de la misma forma en la que la había escuchado él. Y ya no quería que la liebre contase más historias en la plaza, quería que se las contase solo a él. No las entendía, y eran lo mismo de siempre. Pero lo que hace única a una historia no tiene por qué ser su originalidad, sino puede ser el momento en que la escuchaste o quién te la contó. Y aunque el búfalo era consciente de que la monotonía se podría estar apoderando de aquellas historias, no le importaba, y no le importaría jamás, pues con quien pasaba su rutina era con quien en su día se la rompió e hizo que se sintiera el único animal de la Tierra.



lunes, 16 de mayo de 2016

Aunque pasen millones de años


Si en 1944 se hubiesen conocido los tres posibles finales del Universo y no solo el del colapso térmico, Valentí hubiese actuado de una forma muy distinta al estoicismo exacerbado que cultivó con la única persona que quizá le pudo haber hecho sentir feliz.

Hay razones que trascendía los límites de las leyes físicas que Valentí ponía en práctica en el plan militar soviético en el que trabajaba. Pasaba los días en el laboratorio, sin hacer mucho y sin saber lo que hacía, despotricando lo que parecían versículos de un libro sagrado pero que no eran más que advertencias sobre el inminente fin del mundo que él había calculado solo para dentro de unos millones de años. Nadie lo entendía pero todos lo escuchaban pues tenía ese encanto de los locos que recuperan la cordura en el lecho de muerte.

Las secuelas psicológicas de la guerra le hicieron olvidar el nombre de ella y las razones que le hicieron toparse de frente con su primera oportunidad en Budapest, ciudad por aquel entonces que conservaba sus puentes intactos e ignoraba la manada de lobos que pronto se lanzaría sobre sus rebaños. Valentí también lo ignoraba, y se lamentaría de no haber sabido de la situación en la que se encontraba Europa, pues de haberla sabido podría haber intuido que aquella quizá fuese su única oportunidad y no la habría desperdiciado ni nos hubiese dejado a todos con la intriga de si existen las segundas oportunidades.

Ella se preguntaba por aquel entonces qué demonios iba anotando siempre en su pequeña libreta los días que paseaban por donde un día se alzaría una enorme estatua en honor de él pero que sería despojada de toda honra después. Con Valentí no funcionaba el adoctrinamiento ni el lavado de cerebro que se llevaba a cabo con todo aquél que vivía en su entorno. No entendía nada de lo que ocurría porque no le interesaba, no era un tema que fuese con él. Él no veía enemigos, su único enemigo era el frío.

Sin pena ni gloria pasaron sus días en Budapest, lamentándose de no haber aprovechado aquella oportunidad que como un milagro le fue brindada. Es que en ese momento se ve todo tan distinto. La miraba y pensaba que nada cambiaría nunca, que aquellos puentes serían su sitio de recreo y aquel río el mejor sitio para camuflar las lágrimas, pero nunca las suyas propias, los estoicos no lloran. Y cuando tuvo que ir, su ataraxia se quedó allí en Hungría, con ella, pues es que el sentimiento que le tocó sufrir durante los días que restaron su vida no se lo desearía ni a los lobos contra los que debió luchar después. Caía la noche, y no tenía sueño. No podía dormir, pero solo durmiendo podía dejar pensar y parar de atormentarse.

Así que intentaba dormir de nuevo, pero no podía parar de pensar. Éste círculo vicioso de angustias quizá consecuencia de los excesos de vodka que le acompañaban desde que perdió todo y había dejado pasar la oportunidad de su vida, se hacía más y más intenso a cada minuto que pasaba de la noche, hasta que finalmente caía rendido en la cama cansado de tanto sufrimiento, siendo el despertar su mayor pesadilla por no tener nunca el presente piedad en recordar los errores del pasado.

Nunca había sentido cosa semejante, además de no ser una persona que sintiese mucho. Se sentía encerrado dentro de sí mismo sin poder escapar de una prisión de un dolor que se hacía físico. No había a penas alimento, los periódicos decían que había que guardar recursos, que había que prepararse para algo que Valentí tardaría en comprender, incluso cuando muriese, no podría ver más que esos ojos penetrantes que no necesitaban de más rasgo facial para expresar lo que todo un mundo interior tenía ganas de decir.

Volvía a leer esa pequeña libreta que usaba como máquina del tiempo para poder trasladarse a aquellos cortos instantes en los que fue feliz. Se lamentó de serlo, el precio de la felicidad  es una consecuente tristeza incompensable, un estoico debería de ser capaz de evitarlo, pero ella le hizo olvidar todas las concepciones abstractas y vacías de la filosofía. Cuando leía aquella libreta se trasladaba al único instante en el que fue humano. Tomó la pluma, para anotar el sufrimiento por el que estaba pasando, cuando de repente olvidó como escribir, y en un desmayo soñó que estaba en una laguna de vísceras que  vislumbraban su final. Cuando despertó se dijo que nunca más le ocurriría algo así, mientras comenzaba a ser imposible no entender lo que estaba ocurriendo en Europa.

Empezó a informarse de las noticias, y no tendría problema en reconocer que fue de los que se emocionó con el discurso de aquel líder tirano, que por primera vez parecía más interesado en ser el héroe que el villano. Para él no hubo duda, se hacía eco de las atrocidades que se estaban cometiendo en Europa, del odio antisemita, una palabra qué escuchó en una sinagoga que visitó con ella por el barrio judío de Budapest. Y el símbolo, la estrella, también la reconoció porque era la que ella portaba, y que hasta ese momento no supo que era el significado de tanto odio. No habría ya más oportunidades pensó, no habría nunca más momentos que anotar en su libreta, la cual estaba dispuesto a llenar de su sangre y de la de los demás en la liberación de Hungría inmerso en las filas del Ejército Rojo.

Desde Stalingrado hasta donde llegase, no volvió a sentir esa sensación angustiosa por las noches, pues en la guerra el humo de las bombas y del fuego era tal que el sol siempre estaba tapado y el ruido incesante de la artillería no permitía sentir el silencio y la tranquilidad de una noche fría. Parecía nunca hacerse de día, una noche que duró más de cinco años. Se hizo amigo de la muerte, la veía todos los días, se saludaban pero no se atrevía a suplicarle que por favor nunca lo llevase con ella pues realmente no estaba muy seguro de si quería seguir viviendo. La veía tanto cada día que empezó a plantearse una nueva duda que iría a más y a más en lo que era su lucha contra la angustia y contra las oportunidades únicas.

Desde que empezó su lucha, empezó a familiarizarse con las nuevas caras. Cuando unos morían eran repuestos por otros como meras máquinas que manejaran un fusil, que nunca era sustituido sino que pasaba de unas manos a otras. No olvidaría esa visión de voluntarios partiendo a la lucha sin armas dispuestos a recoger la de aquellos aliados que habían muerto segundos antes delante de ellos. Pero el caso es que ya no quedaba ninguna cara de las que había en un principio. Tan obsesionado en avanzar sin descanso, había olvidado que a veces se hace necesario volver un poco la vista atrás pues quizá lo que buscábamos estuvo ahí desde hacía mucho.

Él era el que más había aguantado aquella cruenta guerra desde que tomó conciencia o como lo llamaban sus contemporáneos, conciencia de clase. Supo que por su parte, el destino le había brindado una nueva oportunidad, y gracias a un pacto con la muerte podría conseguir llegar vivo a Budapest. Pero de nada servía llegar hasta allí si era demasiado tarde. Y la angustia, que parecía haber sido paliada, comenzaba de nuevo, pero ahora era incluso tan intensa como la que sintió el día que predijo el fin del Universo para dentro de solo unos pocos millones de años.

Durante su viaje había escrito en su libreta con la sangre aliada y enemiga, de las que pudo observar que ambas eran del mismo color y que al secarse tomaban un color muy parecido a la tinta que usaba para escribir cuando paseaba con ella por Hungría. Entraron en la ciudad, lo peor estaba por pasar, pero solo de pensar en esa segunda oportunidad que estaba cada vez más cerca y contagiándose de la propaganda liberadora, se sintió como un liberador más de Hungría a los que le habían prometido una estatua en su honor (o incluso tres) sin saber que sería despojada de toda honra.

Miró los puentes que fueron su sitio de recreo y refugio años atrás, destruidos, en llamas, y el río que debería de ahogar todas sus lágrimas solo ahogaba cadáveres putrefactos y cuya sangre había tintado el río del mismo color que las líneas de su libreta. Miró su diario, o lo que quiera que fuesen aquellas líneas, cerró los ojos y dejó de sentir angustia por siempre, pues había algo que trascendía más allá de que aquella sangre del río llevase o no el nombre de ella. Abrió los ojos con la libreta en mano y terminó de escribir las últimas tres líneas antes de arrojarla al río, y sentir como el sol se abría por primera vez en toda su travesía entre el humo de las bombas y el fuego y penetraba en sus ojos como lo hicieron aquellos espejos grises que ella tenía por ojos en su día y en los que cada vez le importaba menos verse reflejado de nuevo, a la par que rescataba su ataraxia de aquel río de vísceras y atrocidad, pues sentía que más allá de las oportunidades perdidas o ganadas hay un sentimiento que prevalece sobre todo lo demás.

Hay algo que me he negado a entender. Pero no me puedo negar a mí mismo cada vez que te veo, ojalá supiese como llegué aquí pero he andado muy ocupado prediciendo el fin del mundo como para centrarme en el presente. Qué ironía que hoy estemos donde precisamente se alzará la estatua en nuestro honor. No merezco tal honor, no he sido más que un loco egoísta. No soy un liberador del pueblo húngaro, solo vine a por ti. Soy egoísta al hacer esto por el mero hecho de recuperar lo que en su día perdí.

No sabes el dolor que me produce la estampa que veo a la entrada de Budapest. No he dormido en estos años, ni he estado despierto. Tomaste todo lo que tenía y en lo que creía a lo largo de este tiempo y lo arrojaste al Danubio junto con nuestras lágrimas, las tuyas por el miedo, las mías por la impotencia. Pero no desesperes, aunque nos arrebaten toda la honra a los que salvamos tu país, aunque estés muerta y jamás leas esto, aunque tu sangre ya esté mezclada con la sangre de los inocentes en el río, aunque estés siendo víctima de la codicia y la insolencia humana, aunque la entropía acabe con todo el orden que nos da la vida, no desesperes. Hay un sentimiento que trasciende más allá de que el Universo termine cuando pasen millones de años, y que está por encima de todo el egoísmo de la gente de mi condición que solo piensa en sus oportunidades.

Las armas podrán acabar contigo.

Las armas podrán acabar conmigo.

Mas las armas no pueden acabar con nosotros.


"En honor y dedicado a todos aquellos que perecieron en la liberación del pueblo húngaro. Porque somos herederos de nuestros antepasados Porque nuestros descendientes lo serán de nosotros
Porque fueron somos.
Porque somos serán.
La lucha por estos ideales siempre será legítima".

martes, 5 de abril de 2016

Orgullo (XI)

   Me da miedo el día que tenga que empezar a fingir, me da mucho miedo. Me da mucho miedo mentir a personas buenas, tan solo para posponer el daño. Hay un fin inevitable para todo y yo sé el final, pero sobre todo sé exactamente cual no será el final. Me gustaría tanto que este año fuese una fotocopia del anterior, y sin embargo han cambiado tantas cosas últimamente, pero sin embargo parecen hacerme sentir igual o incluso peor. Demoraré el final hasta el momento oportuno, pues es una cuestión de egoísmo que es lo que mueve el mundo.

domingo, 14 de febrero de 2016

Venganza (X)

   No habrá salvación para las almas de los incomprendidos, para los que no sintieron cuando sintieron y perdieron todo lo que perdieron y piensan que es todo un curso explicable con éticas sencillas o que alguien algún día dio en el clavo. Se pierde una vez y sobra, pero no hay arbitro que decide quien pierde y por ende parece que se cae el curso y nos volvemos a basar en lo verdadero y falso en base a concepciones no demostrables pues parece que no existe si quiera ya el principio que siempre buscamos y nunca se encontró. No llevar a la práctica tu propia filosofía es en sí lo que puede transformar el mundo, es que la forma en la que se entiende lo que supone una rebeldía al no cumplir lo que siempre creíste.
   Yo no soy el árbitro para decir si se perdió la oportunidad, pero nadie lo es, parece que hemos buscado un orden que no existe.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Orgullo (X)

   Que triste debe ser mayor. Que cada año sea una fotocopia del anterior. Ahora mismo escucho A la Volonte du Peuple, hace tan solo un año que no paraba de escucharla día y noche, y ahora todos esos recuerdos se evocan con una grandeza que me hacen recordar aquellos momentos tan lejanos pero a la vez como aquellos que jamás nunca viviré otra vez. Aquello que inspiró todo lo que he hecho después, que me ha hecho madurar y cambiar mi visión racionalista del mundo, pero sin abandonarla. Hay una batalla que ganar aun, la llama está en estado de latencia, y volverá a arder, pero esta vez, ya me prometí que no habría errores, hay que medirlo todo con una exactitud típica de un loco, pero no tanta como parar dejar de un lado las labores más esenciales de la vida propia.
   Que triste debe ser viejo y que un año en su vida pase desapercibido.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Venganza (IX)

   Los tiempos no coinciden. El espacio para haberse desfasado al tiempo. Parece imposible estar en el lugar en el momento adecuado. Y cuando ya casi hace un año, qué diferente hubiese sido todo si me hubiese decidido a mantener la esperanza hasta ahora. Quizá ahora fuera el momento oportuno. Pero no lo es, me equivoqué de momento. No era el momento.

martes, 25 de agosto de 2015

Voz en off final - Tres oportunidades.

   Esta es mi oportunidad, mi última oportunidad. Siento mi desobediencia a los caprichos de la vida, pero parece ser que ya todo empieza a quedarme más claro. Esta oportunidad es en favor de tu felicidad, no de la mía. Es la forma en la que me doy cuenta que nunca se puede fallar y que hay que aprovechar todas y cada una de las oportunidades. Seguiré luchando, hasta que no me queden fuerzas pero esta vez no fallaré, el dios en el que ya nadie cree sabe, que no fallaré. puedo ver tus pensamientos materializados y precipitando sobre mi mente como aquella tarde en la que compartimos una taza de cafe.
 
   Mi corta vida ya ha merecido la pena, tan solo por haberte conocido y por haber visto, tu alma desnuda.

jueves, 18 de junio de 2015

Venganza (VIII)

   El día que perdimos, perdieron todos para siempre. Si se puede ganar, pero perdimos. La lucha seguirá en silencio más allá de lo que dure la humanidad, y más allá de lo que dure nuestra efímera vida. La mejor manera de ganar no es olvidarse de anotar los tantos, la mejor manera de ganar es ir más allá de las reglas establecidas. Buenas noches.

"Se habla con frecuencia de los Derechos Humanos, pero hay que hablar también de los Derechos de la Humanidad".

sábado, 13 de junio de 2015

Orgullo (IX)

Y parece ser que soy yo el que cree estar contigo. No es así, ojalá fuese así. Pero perdona por creer que cuando decías que ojalá yo fuese como él querías que tu vida fuese conmigo. Perdona que viese esperanzas en el momento más decadente de tu alma, cuando me dijiste que había desaprovechado el momento en el que nuestros caminos se cruzaron y ambos sentíamos lo mismo. Todo ha acabado. Siento que no podré dormir ni estar despierto, pero todo esta perdido.
Lamento no haber sido tu ideal. Para ti seremos miles de genes, para mi infinitas cuerdas, pero en lo mas fondo de mi ser no puedo dejar de pensar en la persona que me dijo una vez que si todo era materia, qué era el amor. Pero lo intentaré, aunque los recuerdos nunca prevalecerán.

Esperar (II)

Sabes que todos estos últimos momentos han estado dedicados a ti. Que en todo momento solo estaba pensando en hablar contigo pues ese es el mayor placer que se me pueda brindar en este mundo. Me olvidé de anotar los tantos, pues hay quien dice que es la mejor manera de ganar. Pero no se puede ganar, estamos en ligas diferentes. No te puedo recriminar lo que eres, eso esta en tus genes, y entiendes mucho de esos temas. Pero lo hice. Y me arrepiento.
No busque culpables de que me sienta así contigo, nadie ha dicho nada malo de ti. Simplemente se obtienen conclusiones normalmente acertadas pues los indicios son muy claros.

jueves, 4 de junio de 2015

Orgullo (VIII)

   Ni el amor ni la amistad son para siempre, pero el orgullo sí. Cuántas veces me habrás escuchado decir esa frase. Y es que no fue hasta que me di cuenta de que mi propio orgullo no puede estar por encima mía, no empecé de verdad a verlo todo tal y como era y a darme cuenta de la buena persona en la que me estabas convirtiendo. Pero no he podido luchar contra mi naturaleza. De nada sirve ser impulsivo, pero incluso sabiéndolo no escuchas a esa voz de dentro que te recuerda como eres y como debes ser realmente. Mas yo lo fui, y ahora la sensación vuelve a ser la de siempre. Eres en lo último que pienso cuando me acuesto y en lo primero cuando me levanto, y no me gusta, no quiero seguir así. Ojalá todo fuera mentira, y tu me lo pudieses aclarar, pero he debido de echarlo todo a perder, lo siento. Pero solo espero que el perdón humano nos libre y se haga partícipe en este pobre orgulloso que no hace más que ver como se equivoca con todas sus acciones.

martes, 26 de mayo de 2015

Y por qué yo

    Porque ya no queda nada por luchar por  mucho que me obligue a leer entre líneas lo que dices y a creer que no está todo perdido. Porque uno no elige. Y por qué no. Es que no sé si acaso se ocurren razones para defender el no. Veo muy turbia está claridad. Cada vez la veo menos. 

"¿Qué es ese poder de organización proletaria que ninguna nación llega a entender o se niegan a entender?"  Vladimir Lenin

lunes, 18 de mayo de 2015

Tu Alma Desnuda


     Las historias de espectros quedarían ligadas por siempre al recuerdo de su verdadero y único amor. Aquella campesina, de cabellos desarreglados, vestimenta infantil y que no resaltaba por su belleza precisamente, cautivó a Isaäk el invierno de 1912, cuando se mudó a Moscú en busca de oportunidades inexistentes.
     Isaäk era por aquel entonces, el joven preocupado únicamente por conseguir alimento, y que no concebía un mundo de sensaciones y plenitud en el que sus mayores problemas fuesen intangibles. Pero es que cuando la conoció, tuvo la certeza de estar escribiendo su propia vida, de ser el producto de tantos años de historia en el mundo de los locos, y notó que ya no podía leer sin pensar en ella. Leer los libros que marcarían una revolución. Libros que hablaban de espectros.
     Laryssa era lista, y sabía interpretar las miradas compasivas y las risas sinceras de su vecino, con el que incluso había días que dejaban las labores agrarias para hablar horas y horas. Ella le preguntó, y él, tristemente avergonzado, inexperto en sus sentimientos y con un miedo al rechazo que sobrepasaba todo lo demás, se negó a sí mismo y le hizo creer a Laryssa que entre ellos solo había una fuerte amistad.
Y siguieron los años siguientes, como si nada hubiese pasado, viviendo la rutina, pasando el hambre de la Rusia zarista que al no poderlo saciar con comida, intentaban conversando distraer los rugidos de los adentros. Isaäk seguía leyendo aquellas páginas y soñaba con que alguna vez se hiciesen realidad, y que el hambre cesase, no pedía una lucha de clases, nadie pedía una lucha de clases, el pueblo ruso pedía pan.
     Cuando parecía que nada podía ir a peor, el asesinato de un hombre desencadenó la posterior masacre de nueve millones de inocentes y valientes combatientes, que engañados fueron a defender a una patria inexistente en la Gran Guerra, en la cual solo habría recompensa para las clases altas de los países vencedores. El pueblo ahora, además de pan, pedía paz. Y a la par que el desastre se desencadenaba, Laryssa conoció por pura casualidad a un aristócrata de la más alta cúpula zarista. Y es que la juventud es muy benévola con algunas personas, y a la niña de cabellos desaliñados, ahora el Dios en el que nadie creía le había otorgado la mirada más dulce con la que uno se pudiese cruzar.
     De no ser porque Isaäk veía salir a aquel hombre de la casa de Laryssa casi a diario, no hubiese sabido de su existencia. Cuando este hombre salía, Laryssa volvía a la choza de Isaäk para hablar de las mismas cosas que llevaban hablando desde que se conocieron hacía ya dos años. Pero él no podía mirarla con los mismos ojos. No podía mirarla con los mismos ojos cuando hablaba con ella y ésta no le refería nada sobre aquel infiltrado en sus vidas. Tampoco podía mirarla con los mismos ojos cuando notaba que los de Laryssa estaban enrojecidos y se tragaban las últimas lágrimas, y aun así no se sinceraba con él para contarle que demonios pasaba. Isaäk sentía rabia, no sabía por qué pero era una rabia incontenible. E Isaäk levantó el lápiz del papel, dejó de escribir su historia y en cuestión de pocos meses ya no se hablaban.
     Ya solo podía pensar en la guerra, en la situación de su país, en el hambre, en las historias de espectros, en el materialismo histórico, y en la inutilidad de la Gran Guerra, que solo traía muerte al pueblo, y beneficios a los aristócratas. Aristócratas, como aquel señor bien vestido que todos los días pasaba por la casa de Laryssa, vestido de incógnito.
      Solo pensaba en hablar con ella, pero veía inútil luchar por alguien que estaba tan fuera de su alcance. Así que decidió pasar los días solitarios y fríos de invierno refugiado en casa y recolectando el mísero grano que aquellas tierras daban y que a nadie le importaba ya, porque la supervivencia del pueblo ruso se estaba librando en las trincheras. Ya casi la había olvidado, pero a la vez no paraba de pensar en volver a hablar con ella, sintiéndola cada día tan cerca y a la vez tan lejos.
     Sentía un vacío enorme, una soledad concentrada entre aquellas cuatro paredes carcomidas entre las que vivía, cuando un día decidió ir a la ciudad a pedir un poco de limosna por los barrios ricos. La Rusia que veía parecía sacada de una historia de terror, tan decadente, sin ver el Sol en meses, una economía azotada por la Gran Guerra, y calles llenas de seres hambrientos y cadáveres que antes de cadáveres fueron seres hambrientos. Pasó por delante de una catedral ortodoxa, cuyo nombre desconocía y se fijó en que, entre las centenarias piedras lamidas por el tiempo, la nieve se acumulaba hasta el punto más alto del campanario, en el cual, un pájaro de grandes dimensiones había sido sepultado por el frío, congelado, y llegaba a dar la sensación de fosilizado. Absorto, leyó un cartel medio rasgado, pegado en una fachada. En menos de una semana, Isaäk ya participaba activamente en los Soviets.
     Se notaban los aires de revolución. La primera vez que leyó los discursos de aquel extraño hombre junto con sus compañeros del Soviet, quedó hipnotizado. Por fin encontraba alguien que pensaba igual que él, pues los discursos de aquel líder revolucionario, entablaban total similitud con los pensamientos que él forjaba entre sus cuatro paredes leyendo historias de espectros. Se sentía una persona realizada cada vez que se paraba a conversar con sus compañeros sobre el futuro que forjarían, sobre como cambiarían las cosas, sobre el pan y sobre la paz.
     -Lo de Febrero fue una falsa, en Octubre saldremos ahí, sin nada que perder, a terminar con esta inútil guerra que solo nos perjudica a los que lo damos todo por el todo...
     Después de decir “sin nada que perder” Isaäk no escuchó nada más de lo que dijo su compañero. La imagen de Laryssa le vino a la mente como una aparición divina. Miró a aquellos hombres, empapados en sudor y angustia, bebiendo vodka como si no hubiese mañana. Le dio un buen trago a la botella polvorienta, y salió de aquella reunión sin despedirse. Volvió a casa. Miro la casa de Laryssa. Se la imaginó saliendo y entrando en su casa para hablar toda la tarde y permitirle que se adentrase en sus pensamientos.
     Por su parte sí que había mucho que perder si se lanzaba a aquella revolución y caía en el intento. Pero esto era cosa de dos, y si ella no sentía lo mismo, lamentaría de por vida no haberse precipitado a las calles de Moscú dispuesto a morir. En ese momento, aquel aristócrata salió de la casa de Laryssa, ajustándose la vestimenta, y lanzando una mirada a Isaäk en la que más allá del asco, se intuía compasión. Su lágrima temblorosa se camufló con la nieve fina que se precipitaba sobre los tejados podridos y derrumbados, y entró en casa.
     No tenía duda de qué sentía. Volvía a sentir la rabia contenida que nadie pudiese imaginar. Rabia por no haberle respondido la verdad hacía ya cinco años, rabia por haberle negado lo evidente, rabia porque sabía que quizá la perdió para siempre por su idiotez y rabia de que estuviese con una persona con la que él tenía la certeza de que no compartiría ni la mitad de lo que en su día compartieron ellos dos. Era la noche del veintidós de Septiembre de 1917 según el calendario ruso, la fecha señalada se acercaba, y tenía claro que no saldría dispuesto a morir si aún tenía alguna oportunidad remota con ella.
     Tomó el libro de los espectros que tanto solían leer juntos y se dirigió a su casa, con el corazón en el mismo puño que el libro.
     -Dentro de poco los Soviets y todo el pueblo se levanta en armas -dijo Isaäk-.
     -Lo sé -y Laryssa agachó la cabeza-
     -Dime que no tengo nada que perder -y a continuación le tendió el libro-.
     -Isaäk, dime lo que me tengas que decir.
     -No me hagas decir lo que no necesitas que salga de mi boca.
     -Pero si te lo pidiese, ¿me lo dirías?
     Isaäk tornó una mirada de derrota, luego la miró y le dijo lo que ella ya sabía, que nunca la dejó de amar desde que la conoció. Pero por simple orden mundial, ella no le pudo dar el sí, y muy a su pesar, le dio un no por respuesta y afirmó que estaba enamorada de aquel extraño hombre.
     -Pero prométeme -dijo Laryssa entre llantos de compasión- que no irás a morir a esa revolución.
     -Prometido -mintió Isaäk-.
En secreto, pasó los días que le quedaban escribiendo su última carta y sus últimos deseos. Siempre supo expresar mejor las cosas por escrito.
     Cuando aquel aristócrata entró en casa de Laryssa después de la visita de Isaäk, fue la última vez. Ella sentía una sensación tan desolada, que en lo único que pensaba era en que su vecino no partiese a una revolución que no era otra cosa más que un suicidio. Ese día le dijo a su amante que no podría seguir viéndolo. Y éste con una sonrisa en la cara, tras casi tres años compartiendo cama todos días y jurarle amor, le dijo “al menos fue divertido”, se colocó su sombrero de cuero curtido y salió por la puerta.
Los días eran una cuenta atrás. Ya no había tiempo de hacer nada. La decisión estaba tomada. Laryssa confiaba en que Isaäk no fuese a cometer aquella estupidez. Pero el día llegó. Era veinticuatro de Octubre de 1917 según el calendario ruso.
     Isaäk tomó la bayoneta y esa misma noche, antes de la madrugada que marcaría un antes y un después en Europa en Rusia y en el mundo entero, se reunió con sus compañeros del Soviet los cuales empezaron a recitar discursos y frases revolucionarias que a cualquiera le hubiesen puesto lo pelos de punta, pero Isaäk no escuchaba, miraba al suelo y veía aquella mirada tan dulce que lo cautivó y a la vez lo despojó de todo interés por vivir en tan solo cinco años.
     Solo había esa noche para hacer historia, era necesario, desenfundaron las armas de campesinos, y se enfrentaron a aquella guardia zarista, cuando sintió un golpe fortísimo en la nuca que lo hizo caer en el suelo. Miró a su agresor, miró al hombre a caballo que lo había golpeado, y reconoció la cara de aquel aristócrata, de tantas veces verlo entrar y salir de la casa de su vecina. Y se arrepintió de no haber creído en Dios pues cuando el extraño hombre que consiguió lo que él nunca pudo tener con Laryssa le empezó a clavar la bayoneta en el pecho, Isaäk experimentó una dicha semejante a la de cuando vio aquel rostro infantil por primera vez, y la volvió a ver reflejada en su mente justo en el momento antes de morir.
     Laryssa tocó en la puerta de su vecino esperando que éste saliese y terminar de una vez ya con toda aquella historia de locos. Lo echaba de menos, desde que la rechazó se había forzado a olvidarle. No lo amaba, pues los sentimientos de Laryssa no cambiaban con facilidad. Sin embargo, allí se encontraba esperando a hablar con él. Sabía que la revolución había triunfado, y ahora hablarían por placer y no para saciar el hambre. Pero Isaäk no salía de la casa, y Laryssa advirtió que la puerta no tenía el cerrojo. Entró lentamente, y solo pudo ver que la bayoneta no estaba en su sitio, pero sobre la mesa había una pequeña carta encima del libro de espectros que solían leer juntos.
     Pensamos mucho y sentimos muy poco. He pasado estos últimos cinco años pensando en cual sería el momento oportuno, en por qué te negué aquella vez y en por qué he llegado a esta situación. Era todo mucho más sencillo que todo eso. Esta carta es para ti, no mires a nadie más, sabes que me estoy dirigiendo a ti. Cuando te conocí quizá nadie más que yo se fijó en la belleza que encerrabas, la juventud fue buena contigo, y la sacó en todo su esplendor. Ya te dije que te quería y sé que por aquellos días en los que me negué a mí mismo, tú sentías lo mismo por mí. Todo hubiese sido tan, pero que tan distinto... Yo jamás te hubiese dejado marchar.
     Pero ahora veo que tu amor está con otro, desconozco quién es pero, tengo seguro, que nunca en la vida compartiréis lo que nosotros compartimos. Eres la meta que por mucho que me acerque jamás llegaré a tocar. Y siento sobre todo, ahora que lees esto por primera vez, haber dejado de hablarte, esta es mi disculpa, siento mi soberbia y haber querido quizá, ponerte a prueba. Y siento haber escrito esta carta, pero espero que entiendas el verdadero significado y qué es lo fundamental en ella.
     Qué ironía que te esté hablando a través del tiempo, es muy probable que esté muerto, pero no me importa, pues hacía ya mucho tiempo que había muerto en vida. No tenía nada que perder y me lancé a la revolución, para que gente honrada como tú tenga paz y tenga pan. Mientras escribo esta carta puedo ver tus pensamientos materializados y precipitando sobre mi mente como lo hace la nieve en este instante sobre mi tejado, y espero que entiendas que no hago todo esto para que tengas compasión, y un día volver y pasar el resto de nuestros días juntos. Ojalá fuese tan idílico.
     Espero no caer en tu olvido y que un día leas con quien entonces se divierta contigo, este libro sobre espectros que tanto me recuerda a ti cuando lo leo, y entiendas por qué me lancé a la lucha, primero por ti y luego por mis ideales. Un espectro recorre Europa, el espectro del comunismo.

     Mi corta vida mereció la pena, tan solo, por haberte conocido y por poder haber visto, tu alma desnuda.


"Eso de Dios da que pensar: A aquel que trabaja y padece miseria toda su vida, la religión le enseña a ser resignado y humilde en la vida terrenal y a reconfortarse en la esperanza del premio celestial"

                                                                                                                   Vladimir Ilich Uliánov (Lenin)

martes, 23 de diciembre de 2014

21 - 12 - 14 Orgullo (VII)

       "Impotencia sagaz nacida de la más pura ignorancia del hombre, hazte universal, y haz que me sienta útil".

   Y que fácil es decirlo todo aquí y que complicado a la hora de la verdad. Nunca olvidaré ese día. El día que quizá terminó todo o por ilusión me obligo a pensar que todo acaba de empezar y que no habrá más pesimismos y que quedan muchas incógnitas pendientes. No nos vayamos a contradecir si lo primero que pensamos es que no hay cosas imposibles, solo gente incapaz. Si siempre fuésemos a lo fácil, a lo rutinario y a esa estabilidad dudosa nada tendría sentido y esto sería un vivir para morir en una vida aburrida.
   Ojalá me creas en todo lo que dije ese día, y que no lo olvides, que aunque solo fuese un monólogo penoso por mi parte, para mí tuvo todo el sentido y más. Hace ya un año que escribía en el acorde de sexta napolitana sobre la sensación de ni poder dormir ni de poder estar despierto, ha vuelto. Al igual que hubiese tenido todo el día para hablar, ahora tengo todo el espacio del mundo para escribir y parece que el desahogo no va a llegar nunca.
   Y a lo mejor me repito mucho contigo pero como en el fondo sé que nunca leerás esto, yo si se cual es mi verdad, cual es mi realidad, aunque nunca se pueda hacer (valga la redundancia) realidad. En fin, no tenía nada que perder, es lo que dice todo el mundo, el orgullo será para siempre. Siempre me faltan las palabras, pero ahora me sobran, necesito que termines lo que tuvieses que decir, pero no te alteres, que ni tengo esperanza, ni ilusión, y quizá ya no me asusta caer en la compasión.

lunes, 15 de diciembre de 2014

La sangre derramada, derretirá la nieve de Moscú.


   Lo honraría. Aquel día de Octubre el Vodka tan caro que había guardado para los tiempos de hambre, carecía de sentido. Lo saboreaba sin pudor a pesar de que nunca le gustó el alcohol. El sabía la verdad, sabía que ideales eran los que honraban a la justicia y a la igualdad por igual y cuáles serían los triunfadores por mucho que el carácter imperialista quisiese imponerse ante algo evidente, haciendo de las injusticias, leyes.
   Salía de su cabaña de maderas de arce carcomidas a medias por las termitas, pues éstas morían de frío al llegar el invierno. Y salía a ver todas las hectáreas heladas en las que parecía increíble que creciesen los cultivos. Salía a ver la tumba de su padre, a apartar la nieve de aquella inscripción tan cutre que lloraba porque su padre no hubiese podido tener un entierro más digno.
    Les prometieron que las cosas cambiarían tras aquella revolución y que la tierra pasaría a ser de la Tierra. Pero la hipocresía la utopía y el envenenamiento de tantos años de egoísmo inculcado no se superaban tan fácilmente.
   Entraba en su cabaña de nuevo. Volvía a saborear aquel caro Vodka como única herencia que su pobre padre le había podido dejar. Miraba a su mujer como temblaba acurrucaba a su hijito. El que el pequeño tuviese los labios morados ya no era síntoma  de preocupación pues la costumbre ya no les hacía preocuparse a sus padres.
                -Es hijo del viento –decía su madre.
                -Como su abuelo –respondía el padre.

   Se sentaba y leía con mucho esfuerzo aquel librito que tenía en la estantería cuyas páginas se descomponían por tantas críticas y hablaban de fantasmas y espectros.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Las democracias se han suicidado.

   Hasta que nos dimos cuenta de que la democracia no era el sinónimo de la libertad ni de que el pueblo tuviese el poder. Porque por desgracia los enemigos del pueblo parece ser que también forman parte del pueblo y por consiguiente tienen derecho a voto. Y la única manera de que esto no ocurra es elevar a todas las personas de una nación a la posición de ciudadanos medios. La desigualdad se delimita primero por la condición del poder, que es dado por el dinero. Así el dinero vuelve a ser el condicionante de todo, y hay gente que aun defiende su libre albedrío (quién sabe, quizá algún día este caiga en mis manos).
   Nadie ha votado este sistema económico. Nadie ha votado ser una victima más del sistema que más esclavos ha aniquilado desde el Congo Belga hasta Alemania, porque aunque no lo crean los tiempos siguen igual, los intereses son los mismos, solo que ya no está de moda cometer un genocidio hacia un pueblo para quitar lo recursos naturales.
  Los oprimidos cambian cuando ya no tienen nada para los opresores que son siempre los mismos, y lo peor es que nosotros formamos parte de los opresores, de los países libres, tan libres que ni siquiera arrebatando las libertades de una nación extranjera son capaces de conseguir que los niños de su país tengan dos pares de zapatos y libros para la escuela. Y si un país extranjero se revela y dice basta a esta situación, él es el anti democrático, el estalinista y el nostálgico de la unión soviética.
   Y por último recordar, que esto pasa en las democracias, el sistema menos malo y el más libre y maravilloso del mundo.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Crónica de los pequeños sentimientos que formaron un imperio.

   La nación se conforma desde la ciudadanía. La ciudadanía puede existir sin nación pero no viceversa. Los elementos que hasta ahora creíamos que conformaban una nación, podemos entender que son simplemente un manto para cobijar y camuflar los problemas más importantes de los ciudadanos. Un imperativo que se les asigna a todos por igual. El estado de la nación quedaron separados hace ya mucho, cuando nos dimos cuenta que las guerras que se libraban los de arriba no tenían más que intereses económico para ellos. Y los verdaderos patriotas dejaron de ser los que se emocionaban por un himno, si no aquellos que verdaderamente quería lo mejor para los ciudadanos, porque estos ciudadanos eran ellos mismos.